sábado, 28 de marzo de 2009

La isla


Dice Claudio Magris en el posfacio de “La isla” que es un «relato admirable de vida y de muerte, no conjurada sino mirada sin piedad cara a cara y resumida épicamente en el fluir de la vida».

"La isla” narra una historia bien sencilla: un hombre entrado en años y aquejado de un cáncer terminal pide a su hijo que le acompañe a la isla del Adriático que le vio nacer; en ese ambiente reducido, de gentes sencillas que se enfrentan al mar desde tiempos inmemoriales, el segundo asiste a la decadencia de su padre sin poder hacer nada para evitarle sufrimientos.Stuparich no elude nada: el mal del anciano es algo terrible, pero imposible de evitar. La pasión de su hijo es inmensa y desinteresada, pero nada aporta para que el viejo se recupere. Ambos son conscientes de que ese viaje es un periplo vital para que el padre pueda “despedirse” de sus orígenes, para que se arme de un ápice de serenidad ante lo que sobrevendrá de inmediato.

No hay consuelo, todo está en primera persona: la muerte es inevitable; el sufrimiento también.

La historia se narra de forma alterna desde el punto de vista del padre y del hijo, y el gran acierto reside en ese intercambio de miradas.

Ddurante el viaje trata de engañarse con la idea de que la isla insufla nuevas fuerzas al padre, aunque ambos terminen por abandonar el lugar de improviso por un súbito empeoramiento de su salud.El punto fuerte de un relato tan sencillo (aunque desolador) es la prosa de Stuparich. Seca, ruda y árida, como la propia isla natal del viejo, expone los hechos con una frialdad clínica; ni siquiera los ocasionales atisbos de la conciencia de los protagonistas ofrecen un vislumbre de consuelo.

El estilo es elegante, sobrio, pero amargo en su desarrollo: el lector se sumerge en un proceso de decaimiento y desaparición tan inevitable como oscuro. Y, sin embargo, el autor nos acerca a la parte más humana del ser, a la más amable, y quizá gracias a ello una historia de muerte se convierte, también, en una oda a la vida.
Ante la valentía del padre, que encuentra en su estoicismo una nueva forma de placer, y el amor del hijo, que descubre al verdadero ser humano que se esconde tras la figura que él reconocía como padre.

En unas pocas decenas de páginas, Stuparich plantea de forma magnífica la necesidad de reconocernos como hombres para afrontar nuestra debilidad. La enfermedad o la muerte son inevitables, pero redimibles, de cierta manera, gracias a la compasión y al amor.

Sara Baras, en el Teatro Lope de Vega, 27 de marzo de 2009


Estrenada en 2007 en la música interviene Paco de lucía. La artista gaditana, dirige, hace la coreografía, diseña iluminación, escenografía y parte del vestuario junto a la diseñadora Sybilla. En su particular visión del mito de Merimée, baila por Alegrías tras más de diez años sin hacerlo. La acompañan en escena Luis Ortega en el papel de Don José y José Serrano en el papel del Torero.
Muy bien la escenografia, con algunos puntos "orterillas", pero impresionante lo de las luces y las sombras.
Las escenografias de los bailarines demasiado cerradas (quizás porque lo vimos desde el anfiteatro) parecían marchas militares "sin vida", y en un espectáculo flamenco es imperdonable. Los bailarines demasiado rígidos.
De los bailarines el que me encantó fue José Serrano, en el papel del Torero. Es increible. Luis ortega, Don José, lo vi frio y distante, era como si no estuviera en la obra (especialmente al principio, cuando se fue "calentando"mejoró muchísimo).
Sara Baras, fantástica, especialmente cuando hace un baile reposado, o cuando mueve sólo las manos, hay escenas de escalofrío. Pero cuando empieza de bailaora "compulsiva". Especialmente al final, con un traje rojo, que no me gustó, pierde alma y se convierte en "molinete"
Eché en falta un final más apoteósico. Un enfrentamiento entre Don José y el torero. Al final no pudo ser, la "bailaora" tomó todo el protagonismo, y nos dejó un fondo de diapositivas que no llegaba a entender, y nos privó de ese tú a tú. Lástima.
La música increible. ¡¡¡El flamenco es la hostia!!!!!
De todas formas el espectáculo genial. Gracias Carmen por invitarnos.
(Sara Beras, nació en 1972 en San Fernando, fue premio nacional de danza en 2003)

lunes, 6 de octubre de 2008

martes, 23 de septiembre de 2008

Hace mucho que te quiero


Este cine francés, intimista, tierno, potente, con personajes con una profunda vida interior es impresionante. Y Kristin Scott Thomas está fabulosa. ¡Qué interpretación! ¡Cómo va evolucionando a lo largo de la peli. De estar encerrada, sola, amargada... pasa a florecer, a mostrar una dulzura y sensibilidad extraordinaria.

También el personaje de la hermana es fantástico, Elza ziberstein.

Y el guión, qué decir del guión. Pura magia, se va desvelando, abriendo de una manera imprevisible. Incluso al final, te queda cierta amargura, porque incluso llegaste a juzgar a la protagonista.


Juliette sale en libertad después de pasar quince años en la cárcel. Durante esos quince años no ha tenido ningún contacto con su familia, que la rechazó. Léa, su hermana menor, la acoge en su casa de Nancy, donde vive con su marido Luc y dos hijas adoptivas. Debido al largo encarcelamiento de Juliette y a su diferencia de edad, las dos mujeres se sienten como dos extrañas. Pero Léa aceptó dar cobijo a su hermana cuando los servicios sociales se pusieron en contacto con ella.

Al principio, Juliette parece distante, alejada del mundo, ensimismada, pero Léa se esfuerza en hacer que su estancia sea agradable. Su marido Luc no está de acuerdo y sus dos hijas están encantadas de descubrir que tenían una tía desconocida. La casa es grande y siempre está llena de amigos. Michel, compañero de trabajo de Léa y seductor empedernido, y una pareja de inmigrantes, Samir y Kaisha, ayudan a Juliette a volver a una vida normal. Léa descubre cuánto echaba de menos a su hermana y la tremenda deuda que cree tener con ella. Poco a poco, las hermanas recuperan la confianza mutua para superar los secretos y las palabras no pronunciadas que contribuyeron a alejarlas la una de la otra.

Dejad de quererme


Hasta el final, parece una peli más de "ejecutivo perdido que busca y encuentra el sentido en la naturaleza". Pero tiene más calado, y una pregunta que se va contigo cuando abandonas la sala ¿tienes derecho a privar a los tuyos de tus último días? ¿privarles de despedirte? ¿compadecerte, luchar por tí?. Antoine, no soporta la compasión, no la tolera. Y hará todo lo posible para que lo se la muestren los que le rodean. Prefiere su soledad, el abandono, el silencio del padre que le abandonó y al que recurre en el último momento, ¿o al que castiga al final de su vida con su compañia?
¿Tenemos derecho a abandonar a los otros? Nuestro yo está por encima de nuestra familia, de nuestros hijos, de nuestra mujer?. La lección es que no sólo nos pertenecen, sino que también les pertenecemos. Compartir con otro, no es sólo compartir el éxito, sino también el fracaso, el dolor. Incluso, no sólo asumir el del otro, sino también dar el tuyo.


Sinopsis

A sus 42 años, Antoine es un hombre de éxito: trabaja en una agencia publicitaria, vive feliz junto a su mujer e hijos, y sabe esconder su relación extramatrimonial con la atractiva Marion. Sin embargo, un día decide romper con el equilibrio reinante en su vida. Un fracaso laboral le sirve de excusa para dejar la empresa y, al llegar a casa, se muestra brusco con su familia y amigos, llegando a reconocer que tiene una amante. Aunque parezca un ataque de locura, Antoine sabe muy bien lo que hace.

Bajo el contundente título de "Dejad de quererme" se esconde un enigmático drama francés basado en la novela de François d´Epenoux. El director y principal responsable de la adaptación es Jean Becker, un viejo conocido de la cartelera europea gracias a títulos como "Los jardines de la memoria" o la más reciente "Conversaciones con mi jardinero". Becker reconoce que se mostró atraído por la temática de la historia, algo que, unido al contraste emocional habitual en su cine, le ha servido para firmar una película imprevisible hasta el final.

Albert Dupontel (Chrysalis, Odette, una comedia sobre la felicidad) da vida al protagonista, un hombre aparentemente perfecto que decide romper con todo lo que le rodea de la noche a la mañana. Su esposa en la ficción es Marie-Josée Croze, actriz en alza después de su intervención en "La escafandra y la mariposa" y "Munich". Completa el reparto principal, el veterano Pierre Vaneck (La ciencia del sueño). Un aviso: la canción que acompaña a los créditos finales se entiende como una parte más de la película, así que el director recomienda escucharla.

lunes, 25 de agosto de 2008

Reflexiones de un juez


Lo tenían en la biblioteca del instituto y no he podido evitar la tentación de leerlo.
En general no está muy bien escrito, Emilio Calatayud, no debe destacar por sus redacciones de sentencias, aunque sí por su sentido común. Rezuma realidad, contacto con la realidad.
Interesante desde el punto de vista educativo, da bastantes pautas de cómo hacer las cosas bien... También para padres.

Es corto, se lee rápidamente. Una buena ocasión para hacer una "reflexión" de cómo estamos educando.

Cósmética del enemigo


Un pequeño relato de Amelie Nothomb. Pequeño pero intenso, inquietante y muy sugerente. La verdad es que me ha hecho dar bastantes vueltas a los aspectos más peregrinos.
Es un combate entre dos personajes que se van alternando simultáneamente. La fuerza de ambos es brutal, y el encuentro... sobrecogedor.

Lo he pasado fenomenal leyéndolo.ç

Muy recomendable.
(Convendría hacerme con algunos para regalarlos, es infalible. Creo que todo el mundo le encantará)